“El negocio de la música es una industria basada en el concepto de la recuperación del beneficio de la producción musical.”

Tal es la breve formulación del fenómeno de la explotación del arte de la música en el mundo moderno. Ya de esta formulación es evidente la clara contradicción entre las tareas de la música clásica y la industria musical.

El objetivo de cualquier inversión comercial es sacar el máximo beneficio con un riesgo mínimo. El arte, especialmente de la música interpretativa, conlleva un riesgo constante y no puede” garantizar” las ganancias. El arte es una materia viva y frágil, es una materia cambiante.

El hombre que se ocupa del arte genuino no puede dar ninguna garantía de su desarrollo. Por lo tanto, cualquier garantía de devolución de las inversiones materiales detiene automáticamente la creatividad, relacionada con los riesgos constantes, lo que significa matar el arte. El musico, involucrado en la dependencia financiera de las inversiones de las empresas y agentes, se convierte automáticamente en un artesano y su “trabajo” se transforma de inmediato de arte vivo a un oficio muerto.

Cualquier negocio busca contactos para fortalecer las garantías financieras. Así es como un negocio musical adquiere una relación corrupta, lo que le convierta no solo en un oficio muerto, sino le provoca también reforzar los métodos que no tienen nada que ver con el arte vivo, con la música en particular. Las personas, que han alcanzado un cierto bienestar financiero, actuando como músicos, están buscando formas de fortalecer su posición, y estas formas, por regla general, no coinciden con los objetivos del desarrollo creativo del individuo. Por el contrario, provocan estancamiento, cultivan el deseo de los músicos de poder y de aún más independencia financiera, lo que lleva a las formas más patológicas de nepotismo, clanes y mafia, y eso pasa en el mundo que no tolera tal enfoque – el mundo de música clásica viva.

La música clásica es la forma más compleja de filosofía en sonidos, basada en una gran experiencia de vida y un profundo conocimiento de la cultura. Mientras tanto al negocio de la música le gusta apostar por nuevas fuerzas juveniles. Son más fáciles de vender, dando a los jóvenes nuevas formas de embalaje, creando atractivos imágenes de venta desde contenido erótico, especialmente en los casos de las artistas femeninas, hasta las formas más ridículas de creación de imágenes que atraen la atención con su aspecto. Todo esto lleva el arte de la música a un plano completamente diferente, en la dirección del entretenimiento, privando a la música clásica de su papel original: la educación del buen gusto y del alto nivel de la cultura del públi2co.

Cualquier estructura que no tenga las formas vivas, constantemente cambiantes, ni el rico contenido tiende a estancarse y separarse del control de la sociedad. Por lo tanto, todas las fuerzas que, en teoría, deben controlar la calidad, se convierten en la parte corrupta de cualquier estructura muerta, que se preocupa por su conservación y bienestar financiero.

Con la aparición en el sector musical de los representantes del mundo comunista durante el apogeo de la URSS, la música, igual que el deporte, se ha transformado en una arena de juego político, donde los músicos comenzaron a ser utilizados como “fuerza suave” para “demostrar” los beneficios de una u otra sistema social. Se convirtieron en herramientas de propaganda. En el mundo globalizado el negocio de la música se ha transformado en una máquina autosuficiente y auto replicante, sin sentido estético y cultural, la máquina del uso de la resistencia de una gran cantidad de “mano de obra barata”: representantes de la juventud de los países culturalmente atrasados, como Corea, China, las ex repúblicas de la URSS. A través de interminables selecciones competitivas para jóvenes se alimenta por las fuerzas nuevas, llenas de resistencia física, con obediencia incondicional a los “estándares” dictados por la moda, con la atracción visual de las muñecas musicales, que sirven para atraer las nuevas masas del público, que desean el entretenimiento con el “componente” cultural y estético – con la música clásica.

Todo esto ha convertido el negocio clásico, la industria musical de la música clásica en un gran tumor canceroso que mata la cultura y la música. Hizo el negocio musical el antagonista mas importante de la música.

Eso no se puede reformar. Solo se puede desmontar. Hace tiempo que ha llegado el momento en que la gente debe entender que la música clásica es un tejido vivo y frágil de la mejor y la más iluminada parte de la comunidad mundial, que exige el “producto exclusivo”. Ahora es el momento de reformatear la vida musical, poner como el principal y el único valor y criterio las cualidades que definen la música clásica: la cultura profunda, la rica experiencia de vida, el buen gusto, el intelecto poderoso de intérpretes que han demostrado con sus vidas la viabilidad cultural. Se trata de personas con una rica experiencia de conocimiento cultural, con un bagaje de publicaciones literarias y filosóficas, que abren los nuevos caminos para el desarrollo de los asuntos musicales, demostrando que pueden ser los maestros de la cultura, elevando el nivel cultural de la sociedad. Lo que es la primerísima tarea de la música clásica.

 

 

 

 

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